Y LLEGASTE TÚ, PEQUEÑO

“Lo único constante en la vida es el cambio.

Heráclito de Éfeso”

 

He querido inaugurar los temas del blog hablando de la llegada de un nuevo hermano a la familia, no hablado desde un punto de vista profesional, sino desde mi perspectiva y mi vivencia, por si pudiera servir a alguien.

Para mi no es un tema nuevo, mi segundo pequeño llegó hace casi 20 meses, pero es ahora cuando empiezo a aterrizar del huracán que supuso su llegada, es ahora cuando se está empezando a asentar la revolución que causó.

Con una de las personas con las que suelo tratar temas de crianza, es con @psicologaalbagcasanova, que además de ser una profesional como la copa de un pino, es una persona genial que da consejos de lo más aplicables al día a día. Por eso, en este post están sus respuestas en mis reflexiones.

En el caso de mi familia, la llegada del pequeño de la casa se juntó a esos bien llamados (al menos en mi experiencia) “terrible two” y el caos se apoderó de la crianza y de las rutinas del día a día. Cuando yo le comenté a Alba mi terrible preocupación por este ambiente demasiado a menudo crispado, por un incremento de los gritos y por una actitud constantemente retadora y negativista de mi pequeño grande, lo primero que me remarcó fue que hay que desmitificar y despatologizar esas situaciones.

La llegada de un nuevo miembro a la familia siempre se hace difícil y trae CAMBIOS, los cuales necesitan TIEMPO. Todos tenemos que aprender a convivir de manera diferente a como lo estábamos haciendo hasta ahora, no nos conocíamos y, al igual que pasó con nuestro primer hijo, hay que conocerse respetando unos ritmos y unas necesidades. La autopresión (propia y del entorno) hace que no se respeten los ritmos de cada persona (tanto de niños como de los adultos), lo cual a su vez hace que aumente la tensión del ambiente, provocando que las cosas no fluyan de una manera natural y tranquila y llega la frustración y el creer que no se está haciendo bien.

Una de las cosas que me quiso aclarar Alba, es que en la educación de los hijos siempre se cometerán errores, pero siempre se hace bien, por tres razones:

  1. Porque siempre se hace con la mejor intención.
  2. Porque siempre se hace lo que hemos podido / sabido.
  3. Porque siempre se hace desde el amor.

A día de hoy, ni que decir tiene, seguimos aprendiendo (¿es que alguna vez se deja de hacer?), pero puedo decir que los dos hermanos están tejiendo una unión invisible entre ellos que no me puede gustar más y todos estamos aprendiendo a encajar las piezas del puzle de la manera más correcta para nosotros.

Soy consciente que en la maternidad / paternidad no existen los caminos rectos, al menos no durante mucho tiempo y, que hay mucho, demasiado, que aprender, pero me esfuerzo por no olvidar la necesidad de respetar los ritmos de cada uno, por entender que tanto mis hijos como yo hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos y por recordar que el amor mueve montañas y cambia realidades.

Crecer implica cambios y estos últimos adaptación y esta a su vez aprendizaje y por eso yo aún estoy creciendo, cambiando, adaptándome y aprendiendo en esta vida.

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